Triste es que el «nosotros» ya no empieza por «a» de amor, sino de atracción. Triste con rabia es que muy pocos se fijan ya en la sonrisa o en la forma de pensar. Triste con pena es que la gente se presente como objeto antes que como persona. Triste con vergüenza es que nadie se avergüence de nada; al contrario, lo más primitivo pasa a ser lo más normal.
¿Tristeza? Peor. Se nos olvida cómo querer. El amor para toda la vida está infravalorado, casi en peligro de extinción. Eso sí que es triste.
LL