Imagina que tuvieras tres imanes: uno en la cabeza, otro en el corazón y un último en… tus partes.
A lo largo de tu vida sentirás una atracción inexplicable hacia determinadas personas. Hablo de la atracción sexual o del interés por la personalidad. Eso está bien, claro, pero ¿qué pasa con el corazón? Que no es de hierro, sino de carne, así que, en un principio y aparentemente, la atracción no es tan intensa.
Por eso no es sencillo enamorarse de verdad. Es difícil encontrar a una persona que active tus tres imanes. Es difícil que el paso del tiempo no los oxide. Es difícil que el imán del corazón se sostenga cuando los otros dos van perdiendo fuerza.
Igual que el imán sexual es innato, rápido y fácil, o el imán de la cabeza busca profundidad y disfruta de la empatía, el imán del corazón solo se activa con una persona (o con muy pocas). Eso sí, se trata de un imán que cuando encuentra el «click» que lo activa, el punto clave del corazón, deja marca para siempre.
Tienes tres imanes, pero un solo corazón. Que no te muevan la mera atracción, el interés, los sentimientos o las emociones. El imán del corazón se activa con el amor, que incluye todo lo anterior, además de voluntad, sacrificio y una fuerte convicción sobre qué imán te guía.
SPH