«Ni se te ocurra volver. Prometo que guardaré mi tiempo y mi risa para el valiente que le eche un pulso al miedo solo por contemplarlos».

«Las condiciones te las guardas para los negocios, que querer no lleva por ningún lado ese “si” que encabeza tu frase».

«Te di la mano y cogiste el corazón. Apretaste sin reparos ante mi fortaleza. Como si el alma fuera de piedra. Como si el cristal nunca se fuera a romper».

«No te aferres. Ni a nada ni a nadie. Aferrar lleva implícito el verbo de los arrepentimientos. Y pocos comparten la cuerda cuando se trata de otro acantilado».

«Perdona porque a veces te quiero tan fuerte que se me aturullan las ganas. Perdona porque a veces te odio tan intenso que se me atropellan las palabras».

«Lo que quiero. Lo que necesito. Lo que quieres. Lo que importa. Lo que no entiendo. Lo que nunca explicas. Lo mucho que me pierdo. Lo poco que te justificas. Lo que anhelo. Lo que evitas. Lo que dudo. ¿A qué me invitas?».

«Que, a veces, necesitamos que el sueño se haga realidad solo para comprender que también las ilusiones se pueden alimentar de autoengaño y disfrazarse, en vano, de fantasía».

«La injusticia de necesitar varias vidas para querer y que ni el más grande de los amores sobreviva cuando al olvido se enfrente».

«El contrasentido de que tu felicidad dependa de otra persona. El castigo del enamorado y el consuelo del cobarde. ¿Cómo se mide la felicidad propia?».