El truco está en convertir la furia en amor y las ofensas en besos. De lo malo solo quedarte con la «o» y transformarlo en bueno. Fuera, el equilibrio sobrevive entre el claroscuro, cuando la luz se esconde un poco y la sombra se lo cree y brilla. La virtud se viste de secreto. Él la admira. Ella no puede no envidiarlo. ¿Y si el protagonista es el «te» que comparten un «odio» y un «quiero»?
SPH