Amar también se ama queriendo. «Obvio», puede que estés pensando. No se ama si no se quiere, al igual que no se quiere si no se gusta. Por supuesto. Pero no olvides que gustar se gusta con el cuerpo, querer se quiere con el corazón y amar se ama con cuerpo, corazón y cabeza. Hasta ahí quiero llegar y así se lo intenté demostrar a una amiga el otro día.
«Enamorarse». Palabra completamente trivializada debido a su excesivo uso. Estar enamorado es algo complicado que va más allá de las mariposas en el estómago. Aunque no lo creas, decir «te quiero» es algo serio y decir «te amo», aún más.
«Pero cada persona es un mundo», decía ella. Y tiene razón; claro que la tiene. Yo no propongo teorías aplicables a la generalidad, sino la experiencia de una chica enamorada que además fue testigo de amor, y no solo atracción, en otras parejas a su alrededor.
Emociones y sentimientos. Otra mezcla explosiva impuesta por una sociedad que «ama» de forma volátil, rápida y muy intensa. ¿Sabes cuál es la diferencia? Yo probablemente tampoco la sepa con certeza, pero sí tengo una cosa clara: el amor no son solo emociones; el amor no es solo raciocinio; el amor no es solo pasión; el amor no son solo sentimientos… El amor es todo eso y más. Por eso es tan difícil saborearlo de manera consciente.
El otro día estando con unas amigas una de ellas se cuestionaba:
—¿Cómo puedo saber si estoy enamorada de mi novio?
—A ver… ¿Cómo no lo vas a estar después de dos años juntos? —respondía, sorprendida, la otra.
Querida amiga, ¡no te avergüences de hacerte esa pregunta! Porque enamorarse de una persona requiere mucho más que atracción y ganas de estar juntos. Y porque al igual que no hay plazo fijo a partir del cual estás enamorado, el amor a primera vista es poco fiable y demasiados «te quieros» tempranos carecen de cimientos.
Vuelvo al título, ese que ahora ya no parece tan obvio. Porque cuatro años y siete meses más tarde puedo y quiero revelar que el ingrediente secreto de la misteriosa pócima del amor, esa tan contaminada por la industria hollywoodense, no es otro que la voluntad.
Voluntad para luchar cuando el barco se hunde. Voluntad para apoyar al otro cuando te da más pereza. Voluntad para aguantar sus días malos y voluntad de querer disfrutar al máximo los buenos. Voluntad de acompañar cuando a veces preferirías estar sola. Voluntad para escuchar y hacer tuyos sus problemas.
Porque el amor es alegría y sufrimiento. Una sonrisa y una lágrima. Un abrazo y una discusión. Porque el amor es desorden, sí, pero el más armonizado del mundo.
Con el tiempo, he aprendido que no puedes afirmar saber de qué va el amor hasta que no lo has experimentado. Pero, como insisto, no solo lo bueno, sino también lo malo. Es solo cuando has llorado y sonreído por alguien cuando de verdad le amas. Necesitas las dos cosas. ¿O acaso el arcoíris no necesita del sol tanto como de la lluvia?
Cabeza, sentimientos, emociones y voluntad. Ahí tienes las cuatro patas de la silla. Podrás gustar o querer a alguien, pero solo con el equilibrio adecuado la silla será base sólida y duradera de un amor de verdad. Repito: de verdad.
Fdo. Mescondo