Dirigido a todos los familiares coñazo que te harán la misma pregunta en cada una de las cenas navideñas:
Querido tío, tía, abuelo, abuela, primo, prima y un largo etcétera: Sí, sigo sin novio. Y feliz de la vida.
Sé que no te lo vas a creer, pero si estoy soltera es, en gran parte, porque quiero. Ya estoy viendo tu media sonrisita. Francamente, no me altera. Hace tiempo que dejó de importarme lo que los demás piensan. Y, ¿sabes qué? Gracias a eso aprendí que la realización personal puede culminar en dos, pero siempre empieza en uno mismo. Y en ese punto estoy. Feliz de descubrirme y poder moldear a gusto mi vida. ¿Y sabes otra cosa más? Por fin he conseguido no sentirme sola. Ya no dependo de los demás, sino que valoro el doble su compañía.
Y todo gracias a que un día me paré frente al espejo: ¿qué quería? La pregunta parecía obvia, pero no lo había sido hasta entonces. Es más fácil regar una planta ajena pensando que así también crecerá la nuestra. Cierto. Y no. Conocerse a sí mismo, afrontar el silencio y los miedos, exteriorizar capacidades ocultas, mejorar las virtudes… Unos puntos suspensivos cargados de tareas que deberían ser obligatorias en toda vida. Como en la tuya lo fue un día. Como lo está siendo ahora en la mía.
Querido familiar: estoy feliz como estoy. Porque tengo abiertas las puertas al amor, pero no estoy asomada todo el día. No pienso dejar entrar en mi casa a cualquiera. Y en el fondo tú también agradeces que no caiga en los brazos del primer chico que vea. Ni tú ni yo sabemos si me cogería. Y ya no tiento a la suerte. Te recuerdo que es mi corazón lo que sujetan sus manos temblorosas.
He decidido quedarme en mi casa, en mi vida, e ir decorándola como a mí me gusta. Bendito el día que entendí que no te preparas para otro, sino para ti. Luego ya serás capaz de regalarte, aunque no a cualquiera. A la par que aprendes a valorar, ganas en paciencia. Los chicos, con lupa. A mí, solo los valientes. No quiero príncipes azules ni verdes ni rosas. Los estereotipos ya no me deslumbran. A partir de hoy, únicamente mostraré mis ojos y mi corazón a aquellas personas que merezcan la pena.
Lo dicho. Sigo sin novio. Y no me siento mal por ello. La verdad, no me considero menos guapa, inteligente o simpática. ¿Que si me gustaría tener pareja? Por supuesto. ¿Que si me voy a deprimir si no la tengo? No, gracias. Mi mejor lección fue descubrir que la felicidad es un trabajo diario y que, afortunadamente, estoy de prácticas.
Fdo. Mescondo