Rendirse como salvación. Como rincón de la duda. Rendirse como derrota justificada. Porque tus fuerzas han sucumbido y la realidad te ha aplastado pese al empeño. El sudor escuece en las heridas que nadie te ayudó a cicatrizar. La tierra te ha cegado los ojos y tienes la boca seca. Solo quieres descansar. Necesitas morir hoy para vivir mañana. Tu cuerpo pide reposo y tu corazón, un poco de calma. La vida es una guerra y tú no piensas quitarte la armadura. El fracaso es una actitud, no un hecho. Y rendirse, a veces, es la mejor opción ante tesoros que no valen la pena.
LL