A los cobardes se les descubre porque la cobardía es, precisamente, la palabra que más les pincha. Porque el orgullo ciega la evidencia y ellos ya se habían convencido a sí mismos de que eran los más valientes.
A los cobardes se les descubre porque saltan si se les pone un espejo delante. Porque no hay lucha para el sordo y ciego. Porque el duelo de realidad es casi tan doloroso como enfrentarse a las espadas del corazón y la mente.
A los cobardes se les descubre por las negaciones más temblorosas y, al mismo tiempo, rotundas. Porque el silencio es sofá y ellos defienden que se está mejor así. ¿Para qué se iban a quitar la venda? El que no arriesga no sufre, y eso para ellos también es vivir.
CuerLo