Llegué rota hasta que contigo me tocó ser relojero. Y tuve que enseñarte que el rotulador blanco solo tapa al gris tras muchas pasadas. Que siempre hay una primavera por cada invierno. Que los corazones vacíos solo se llenan dando una oportunidad al amor bueno.
No confiaste en mí cuando te dije que los escudos separan y las espadas son mortíferas en esta guerra. Tu mano tembló de inseguridad cuando tendí la mía cargada de buenas intenciones. Lo entendí. Lo comprendí. Y te acepté con tu pasado y presente.
Por eso no renuncio. Por eso sigo aquí. Dispuesta a arreglar las manecillas para que tu reloj siga marcando. Dispuesta a compartir mi pegamento para que juntos peguemos también tus piezas.
Porque quiero que estés bien. Contigo. Conmigo. Y porque deseo que descubras que solo así podrás estar mejor con otra persona.
LL