Y cuando se marche, solo te quedarán interrogantes. Llenos de rabia, decepción y desconcierto. Soñarás mil noches que se lo preguntas todo, absolutamente todo, y a la cara. Imaginarás la respuesta que quieres y te consolarás con que, en cualquier caso, las miradas no mienten.
Pasará el tiempo. Y sufrirás que sus ojos no quieran encontrarse con los tuyos para darte una respuesta. Notarás que las preguntas te aprietan, te ahogan, te matan. Te llevarán incluso de la mano de una culpabilidad injustificada.
No te preocupes, amiga: también esto se supera. Recuerda que los cuchillos únicamente rallan si no eres diamante. Los espacios en blanco son solo más tiempo que tardarás en leer la novela. Porque tú ya sabes que él escribió el punto final, que no queda más papel y que no merece la pena que malgastes tu tinta en su libreto. Así que tranquila: le olvidarás cuando menos esperes, cuando te dejes de hacer preguntas y, sobre todo, cuando ya no te importen sus respuestas.
¿Acaso las nubes preguntan antes de tapar al sol? Puede que tiembles un poco. Y quizá la oscuridad te asuste. No mires al cielo. La espera puede ser tan eterna como contar el mar gota a gota.
Sigue tu vida. Con una chaqueta puesta. Pero síguela. Te aseguro que el sol volverá a salir. Confía en el viento y no cuentes los segundos de incertidumbre, por favor. Hazlo por ti. Preocúpate por conservar el calor de ese sol que un día tuviste. Y que volverá a brillar. Con otra música en los labios y un rayo de piel diferente. No solo calienta el fuego. Trata de buscar algo que reconforte y no queme.
Más adelante, el cielo te demostrará que el tiempo jugaba a tu favor. Que no te has dado cuenta y el sol ya te broncea de nuevo. Cierra los ojos. Siéntelo y llénate de ello. Vuelve a abrirlos. Y comprueba cómo ni las peores nubes destiñen el azul del cielo.
Porque, al fin y al cabo, esto no es más que esa niebla que genera expectación y al mismo tiempo asusta. Dejas atrás el amor conocido y aquello con lo que te familiarizaste. Tienes miedo a chocarte o, lo que es peor, a perderte. No te atreves a entrar porque no sabes si te gustará lo del otro lado, pero, en el fondo, tienes curiosidad y esperanza. Además, la vida no tiene marcha atrás y sí o sí te ves obligada a conducir por ese trecho de confusión.
¿Sabes qué? Te prometo que el día menos pensado esa niebla habrá desaparecido. Te prometo que ese día mirarás atrás y no te arrepentirás de haberte atrevido. Te prometo que te sentirás orgullosa de todo lo que has caminado y crecido.
SPH