Nuestra historia. Un interrogante. Dos finales. El primero es el que es tan probable que suceda como que duela. Ese en el que el luchador cree ganar la batalla, olvida la guerra y destierra al perdedor. El segundo es el que, en secreto, tú quieres y yo también sueño. Ese que solo puede protagonizar una persona especial. Quizá como tú. O quizá como el valiente que se rompe, se recompone y, aun así, confía.
Porque por algo se parecen «nuevo» y «bueno».
Porque no hay miedo en el verbo «mejorar».
Porque el amor siempre fue caprichoso juego.
Porque, en realidad, todo termina bien si se acierta con el final.
CuerLo