Pañuelos usados. Zapatos viejos. Colillas consumidas. El ajeno te sopla cuando ya no necesita el calor y la luz de tu vela. Se marcha dejando un «hasta siempre» sin preguntas ni respuestas.
Poemas anónimos. Canciones a medias. Cuentos sin moraleja. Aferrar y expulsar compartieron algo más que las terminaciones. Y tú nunca apostaste por el trueque de intereses como moneda.
Besos con toque de queda. Amaneceres que terminan. El final del horizonte. El tren se ha ido como llegó. Sin silbidos ni explicaciones. Te resignas a mirar. Porque sufres, porque lloras. Porque, te guste o no, siempre aprendes.
SPH