Puse mi corazón sobre la mesa. También ahí te regalé la carta capaz de destrozarme. No me queda ningún as más allá de las expectativas. Te toca lanzar. ¿Coges? ¿Tiras? ¿Te atreves? ¿Te plantas? Si viniste a jugar, ni se te ocurra levantarte ahora. Si huyes, nunca podrás volver a estas mesas. Aprende las normas: el amor no está hecho para cobardes ni conformistas. A este casino se viene a intentarlo hasta el final. Te lo repito una vez más: es mi yo más frágil el que está en juego. Si te vas, no vuelvas ni rompas mis cartas. Si te quedas, asume que sentir es arriesgar. Que lo haremos bien. Que lo haremos mal. Que yo ya he hablado y no es farol y solo tú decides si amas y apuestas.
SPH