¿Y qué si la vida es también ruido? ¿Y qué si la vida es también rutina? ¿Y qué si la vida es también arte? Silencio. Reflexión. Luz para sobrevivir. Oscuridad para apagar ese «sobre». Porque lo cotidiano se transforma en detalle con gafas nuevas. Cuando lo encabezas con un extra de 180 grados. Un grafiti. Un recuerdo. Un tatuaje. La sencillez de dos trazos como virtud y regalo. ¿Y qué si la vida es también montaña rusa? ¿Y qué si la vida es también aliento? ¿Y qué si la vida es también cigarro?