Que cada noche, cuando pienso en ti, mi amor propio se pelea con una melancolía que pincha lo más profundo del alma ahogando todas mis ganas en tristeza y resignación.
Que cada noche, cuando pienso en ti, odio el impulso que busca cualquier excusa para hablarte y detesto aún más la razón que paraliza a tiempo mis dedos nerviosos y tentados de escribir.
Que no. Que no quiero. Que no debo. Joder, ¿por qué te sigo echando de menos?
SPH