Solía pensar en color. Ahora veo la vida en blanco y negro.
Ya ni siquiera sé si esta carta es para ti. Solo sé que ya no te regalo ninguna de mis sonrisas y que ya no te dedico ni una lágrima ni un te quiero ni un te odio… Nada.
En mi cabeza, acabo de transformar en pregunta lo que antes era afirmación: ¿valió la pena?
En el fondo, mis pensamientos no cambian. Quiera o no, en lo que soy, siempre llevaré un poquito de ti; de lo bueno y lo malo. Marcaste mi vida y, aunque la herida curó, la cicatriz quedará imborrable.
Es por ti que el amor toma ahora un tono irónico. Y es por ti que, por primera vez, entiendo lo que son los celos. Y es por ti, también, que soy otra, que soy más fuerte. Pero es gracias a ti que me he quedado vacía. No siento nada… En este momento, en mi mundo, ya solo hay una confusa niebla que lo cubre todo.
Me consuela pensar que alguna vez te acordarás de mí. Y no lo reconocerás, pero yo sabré que me habrás echado de menos. E imaginaré que alguno de vuestros besos me pertenece más a mí que a ella.
Cuantas veces he pedido no un «tú», sino mi «tú», pero veo que es imposible…
Dicen que la mancha de un amor a otra quita. Si es así, quiero mancharme de nuevo… Enamorarme de otra persona que me haga creer en la belleza del amor y, sobre todo, que me quiera; sobre todo eso.
Sé que algún día volverás. Y ese día tan temido y a la vez anhelado me enfrentaré a ti y a mí y decidiré: ¿sí o no? Sí a perdonarte todo y empezar contigo esa vida que siempre he soñado. O no. Ya me hiciste sufrir demasiado. Perdiste tu oportunidad conmigo, lo siento. Márchate.
Mientras tanto, el tiempo pasa y el corazón se ablanda, pero aún, y lo reconozco, te echo de menos.
Fdo. La chica de las cartas que nunca te envió