Las mejores líneas nunca llegarán a escribirse. Los sentimientos más puros tienen miedo al papel. Porque no hay espacio suficiente. Porque también la tinta se agota. Porque laten tan fuerte que se ahogan fuera del alma.
Todo es confuso. Sientes que necesitas escribir y sufres al no encontrar las palabras exactas. Ni siquiera consigues describir la impotencia. Dentro, todo ha enmudecido y tienes la sensación de que tu boli se mueve, pero no dices nada. Nada en especial, nada nuevo, nada interesante…; nada que ver con lo que sientes realmente.
Conforme más miras el papel, menos te gusta. Como si quisieras encontrar ahí el orden que te falta. El que te ayudaría a no dudar de todo. El único capaz de no hacerte sentir tan estúpida mientras imaginas su cara y sonríes con los ojos humedecidos y algo entrecerrados.
Tu mente sigue en blanco y tu corazón parece perder el color por momentos. La incertidumbre lo ha matado. Te preguntas entonces si es el miedo o la adrenalina lo que te paraliza. Y solo te aclaras cuando te lees. Fue ese acantilado de ojos verdes y sonrisa traicionera. Es la maldita duda del «¿y ahora qué?». Será la rabia de que el pasado sea pasado y el futuro aún no se haga presente.
SPH