¿Sabes qué? No tienes que convencerle para que desee estar contigo. Eso nace. O no. Y se deja notar en un reloj exprimido, menos excusas y más sorpresas. Porque si se quiere, se demuestra. Con muchos hechos y algunas palabras. Como ese verbo «apostar» que nace unilateral, pero suena mejor en equipo.
¿Sabes qué? No deberías ser su opción, sino tu prioridad. Vales demasiado como para ir mendigando amores que solo tantean para evitar arriesgar y exponerse. Tú y yo sabemos que nunca fuiste una más.
¿Sabes qué? No se puede enamorar a un corazón que no está dispuesto. No le justifiques. Tampoco dejes que te engañen sus falsos intentos y promesas. No falta tiempo. Falta interés. Y te aseguro que, al final, el amor no es tan difícil. Sencillamente, es cuestión de acertar. De ir sumando predicados y que el sujeto siempre sea un «tú y yo juntos».
Tranquila. No te preocupes. Te aseguro que terminarás encontrando a un valiente capaz de cruzar el océano con tal de convertirse en tu mejor compañero de camino.
LL