Y me preguntaron de amores. Y hablé de ti. Pese al adiós. Pese a la distancia. Y creo que mis ojos brillaron al intentar explicar lo inexplicable. Que desde el primer momento supe que eras tú. Que deseo sin esperar. Que sueño el futuro y, aunque les sorprenda, eres tú quien camina a mi lado.
¡Que esas cosas se saben!, me intenté justificar. Pero ellos no entendieron el clic al igual que tú sigues sin comprender que fui oportunidad perdida.
Imposible. La conversación terminó tan absurda como yo. Convencida pero resignada. Con recuerdos. Sin planes. Estúpida por seguir esperando.
Y lo reconozco: cuando al final me preguntaron dónde estabas y qué era de ti, no supe qué responder. Creo que, esta vez, mis ojos se humedecieron de tristeza y rabia. Porque ahora no sé. Porque ¿ahora qué? Porque ahora nada.
SPH