Quiero ir a un lugar sin farolas. Que esté tan oscuro que ni la tristeza se vea. Dicen que allí puedes esconder sonrisas o llanto sin que nadie te juzgue por ello. Ojalá. Y ojalá el silencio envuelva tanto como para dejar que las palabras mueran al otro lado del telón.
Solo deseo que las estrellas sean el único brillo que reflejen mis ojos. Que su belleza me invite a levantar la mirada y su altura, a flotar hasta dejar la tierra para los mortales. Entonces sabrán lo que es sentirse igual de pequeña que yo ahora mismo. Rodeada de grises y negros. Desorientada. En blanco y sin saber qué pintar.
Quiero ir a un lugar sin farolas. Que esté tan oscuro que los problemas se escondan y yo no intente ni buscarlos. Donde la compañía suene muda y no esté mal visto sentirse solo. Todo para alejarme del ruido e incluso de mí misma. Y autoconvencerme de que el espacio y el tiempo son solo ficción impuesta por unos cuerdos que en realidad también están locos.
Espera. Pensándolo bien…, creo que me quedo con la nada. Sin farolas ni luna ni estrellas. Solo yo. Y el vacío. Y la posibilidad de perderme sin dar explicaciones. Al fin y al cabo, puede que así, aun sin verme, llegue por fin a encontrarme.
SPH