Los sentimientos como recuerdo del corazón.
Las palabras como parte de tu historia escrita.
Los silencios como eco de lo que pudo y no fue.
Las lecciones como conclusión de cada día.
Las canciones como secretos de novela.
Las miradas como instantáneas de la vida.
La lógica como cuerpo.
La ilusión como alma.
Las ganas como sustituto de la cobardía.
El reloj como recordatorio.
La imaginación como posible fantasía.
Las emociones como memoria de la piel.
El «te quiero» como superviviente a cualquier despedida.