Porque no entiendes que, desde que te fuiste, el «tengo ganas de verte» se ha convertido en mi grito ahogado. Y aun así te empeñas en el silencio cobarde cada día. Y yo me conformo con escribirlo todo por las noches. Como si así, tarde o temprano, el azar nos lograse hacer olvidar. Tú de mí. Yo de ti. Sin haberlo intentado.
SPH