Me enfado conmigo misma y aprieto el puño, en donde quedan engurruñados todos mis sentimientos, que inútilmente intentan escapar entre los dedos y llegar a ti. ¿Es verdad lo que me dicen? ¿Es verdad que no me quiero olvidar? No sé, puede que tengan razón.
Que escribo y que solo me hago daño, que estoy loca… ¡Pero a mí no me lo parece! ¿Será que estoy ciega? ¿Me habré puesto una venda?
Mi problema es que solo me quedo con lo bueno. Solo me quedo con tu cara angelical, tus ojos, tus manos… Ya estoy de nuevo sonriendo como una tonta ¿Cómo es que sonrío si solo me has hecho daño? Tendría que ponerme un pósit en la frente con la palabra «mentira», porque en eso te resumes, pero siempre se me olvida.
Ojalá pudiera controlar ese amor que actúa sin preguntar: ¿quién te ha dado permiso para que me enamore así de ti? No es justo.
Esto ya ni me parece una carta. Es más una lluvia de ideas, como nos decían en el cole; una lluvia de sentimientos, un espejo del alma… Pero aun así falta. Y es que esto no son más que palabras que salen desde el corazón, sí, pero que pasan por la cabeza, que, como ya sabes, va aparte en todo esto.
¡Sal de mi mente! ¿No ves que conmigo ya tuviste una oportunidad? Pero la desaprovechaste. Todas las lágrimas que ahora caen por ti son «te quieros» perdidos.
¿Como amigos? Intentémoslo ¿Por qué no? No es tarea fácil, pero tú me lo pediste y, por desgracia, en este juego me tienes ganada.
Últimamente no hacen más que repetirme que soy una masoca y que debería eliminarte por completo de mi vida, pero quiero hacerte ver que nuestra amistad ni fue ni será normal y que, por mucho que nos engañemos, no nos queremos como amigos.
Maldita experiencia… Porque lo contado previamente fue vivido y porque nada de lo que piensas es verdaderamente así. La imaginación lo pinta todo más bonito. Es por ella, por mis recuerdos, por lo que sigo enamorada de ti. Pero… ¿y tú? ¿Te quedan recuerdos o ya me conseguiste olvidar?
Fdo. La chica de las cartas que nunca te envió