Seguiré arañándote el corazón. Sin querer. En silencio. A escondidas. Aunque mires otros ojos y creas haberme olvidado.
Seguiré pinchando tu pasado y tu futuro. Porque no fue un error. Porque algo no encaja. Porque sabes que te aterra enfrentarte a mí de nuevo. Miedo. Tentación. Y, cómo no, cobardía.
No me esfuerzo en ignorar esa atracción contra la que tanto luchas. Tampoco procuro mentirme. El autoengaño es tu guerra sin victoria. Y yo no salto al campo de batalla con escudos de papel y armadura de espinas.
No volverás. Y tampoco confesarás que tus latidos aún sienten las astillas ¡Cómo ibas a reconocer que yo soy la única que colma ese agujero del corazón que nunca llenas!
Tú. Tú que pensaste que yo era una simple espinita en la piel. Pobre iluso… Yo fui la caricia en el corazón que convertiste en aguja. El portazo que acabó siendo eco. La experiencia y el recuerdo de esos que no se olvidan.
Es cierto: no te llegué a matar. Y estoy segura de que apenas me piensas. Te has acostumbrado al dolor hasta fingir que ya no te importa. ¿Y sabes qué? A mí tampoco. Me consuelo con saber que conseguí dejarte marca de por vida.
SPH