Maldito nudo en el estómago. Todo el día recordándome que te has ido, que ya no estás. La tristeza acalla el hambre como la música, el llanto.
A cada recuerdo, duele. A cada luz olvidada, duele. A cada futuro perdido, duele. Un sentimiento de pena bañado en soledad e incertidumbre. Un «te echo de menos» que se piensa, pero no se dice. Porque sí: el «te echo de menos» siempre va seguido de una coma y un nombre escritos en tinta invisible. Y aún sigo preguntándome si tus letras coinciden al menos con mis iniciales.
Gritas…, pero nadie te escucha. Confías en el tiempo, que, según dicen, cura las heridas. Ojalá el tiempo convenza al olvido para que juegue conmigo y me engañe.
Mientras tanto, una noche más, te pasearás por mis sueños dejando el estómago encogido y el corazón vulnerable. Mientras tanto, una noche más, tu ausencia no me dejará descansar. Mientras tanto, una noche más, yo soñaré por los dos y tú… Por favor, tú descansa en mi lugar.
SPH