Es mentira que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. También duele antes de la despedida. Cuando eres consciente de que la flor va a morir y aun así la sujetas entre las manos deseando en vano que sobreviva.
No sé tú, pero yo no necesito que te marches para saber que te echaré de menos. ¿Acaso no ves el cartel de salida? ¿Y la bifurcación en el camino? Tal vez ese tímido destello al final del túnel.
Esa es nuestra parada. El adiós hacia el que nos encaminamos irremediablemente y sin saber frenar. ¿De verdad no crees que la impotencia pincha tanto como la ausencia? ¿Qué es peor: la caricia que falta o la que se va perdiendo día a día?
SPH